Internet.org en Bolivia (pero sin contar con Bolivia).

internet.org no es internet

¿Internet.org da acceso a Internet?

Para empezar, cabría cuestionarse si el nombre que utiliza esta iniciativa, intenet.org, es apropiado y legítimo. Esta iniciativa da acceso a una serie de sitios y servicios limitados, de unos proveedores determinados y a través de unos operadores determinados, no a cualquier sitio o servicio disponible a través de otros medios de acceso de lo que conocemos como Internet.

Si entendemos internet (con minúscula) como un conjunto descentralizado de redes de comunicación interconectadas que utilizan la familia de protocolos TCP/IP (el nombre proviene de “interconneted networks”, redes interconectadas), sería una visión puramente técnica del término y quizá desde esa visión el nombre pudiera ser apropiado y legítimo.

En este sentido, pueden haber muchas internets (Habrá quien no esté de acuerdo y diga que solo hay una internet, aunque no veo por qué no puede haber más de una red de redes).

Por el contrario, si pretenden referirse a la o el Internet, con mayúscula, como esa red de redes que usamos a nivel mundial y que sirve de puerta de acceso a recursos (de acceso público o restringido, con ánimo de lucro o no), en definitiva, el concepto general a nivel mundial de lo que es Internet, entonces podemos decir que el término se está usando de manera maliciosa, con ánimo de provocar engaño o error desde el momento en que no se puede acceder por este medio a cualquier sitio o servicio de esta red.

Esta iniciativa en realidad viene a constituir un acceso gratuito a, como se prefiera entender, una extranet u otra internet (con minúscula), cuyos contenidos coincide que también son accesibles a través de Internet (con mayúscula).

A mi manera de ver, vendría a ser publicidad engañosa en toda regla. La afirmación de que durante el último año, 9 millones de personas se han conectado a Internet a través del aplicativo en las economías emergentes donde fue lanzado constituye una falacia porque estas personas no se han conectado a Internet sino, en todo caso, a una extranet.

En definitiva: Internet.org NO es Internet, no en el sentido más conocido por los ciudadanos del mundo.

¿Internet.org es gratuito?

También, es falso que sea gratuita, desde el momento en que los usuarios se convierten en mercancía, a través de los datos que de ellos se obtienen y el uso que de ellos se hacen. Esa información tiene un valor y es una brecha en su privacidad, que se agrava aún más si consideramos que incluso se puede obtener información extra de estos usuarios ya que sus lineas y dispositivos están registrados de manera inequívoca. Me alarma la posibilidad de que las operadoras, en este caso Viva, caigan en la tentación de hacer uso de la información de registro de las lineas y los dispositivos que debe hacerse en el país en virtud del D.S. 353, de 2009 y cuya única finalidad es “Los registros tienen la finalidad de proveer información veraz y oportuna que posibilite inhabilitar el servicio en las redes móviles del país, a equipos terminales móviles robados, hurtados o extraviados, así como contribuir a la identificación de los responsables del uso de los servicios de telecomunicaciones móviles en la comisión de delitos”.

Tampoco parece que haya mucha posibilidad de contrastar la información que esta plataforma provea, ya que se verá lo que ellos quieran que se vea.

No obstante, no se puede negar que la iniciativa de acceso a esta extranet puede ser beneficiosa, hasta cierto punto, para mucha gente que hasta el momento no ha tenido ningún tipo de conectividad de datos en absoluto y estoy seguro de que, con el tiempo sabrán sacarle aplicaciones ni siquiera previstas por los patrocinadores, como sucedió con el uso de Facebook como plataforma para el activismo.

¿Internet.org hizo algún acuerdo con el gobierno boliviano?

En Bolivia, Internet.org ha roto la consigna y propósito de ser un modelo de cooperación público-privada al haberse saltado una posible negociación con el gobierno, de ahí la frase en el título de “pero sin contar con Bolivia”. En Bolivia Internet.org se ha mostrado como un mero emprendimiento empresarial disfrazado de filantropía.

La incorporación de las TIC a la política de Estado es un hecho, como lo es el concepto de soberanía tecnológica. Es este concepto lo que me hace suponer que Internet.org haya decidido obviar al gobierno boliviano en cualquier posible negociación, por ser incompatibles con la política de Estado y hayan hecho evidente que debe ser un mercado tan suculento que había que entrar a toda costa, sin importar la opinión ni de gobierno ni de la sociedad civil. Me congratulo de que, dada la incompatibilidad, de la política del Estado boliviano sobre soberanía tecnológica, con las características de Internet.org, se hace muy poco probable que el gobierno acepte participar y convertirlo en política pública.

¿Internet.org es algo bueno o malo? ¿es publicidad engañosa?

Es necesario, sin embargo, darse cuenta de que, desde el punto de vista empresarial, es una iniciativa totalmente legítima y hasta puede que cumpla una función social que hasta el momento nadie más ha emprendido, incluido el propio Estado; pero lo que es cuestionable es la moralidad y ambigüedad con la que se anuncia induciendo a pensar que es un acceso a Internet y que es gratuito. También cabe la posibilidad de que en el exterior se piense, o se quiera hacer pensar, que han entrado al país mediante un acuerdo con el gobierno y se pudiera usar esto para inducir a otros gobiernos a hacerlo.

No se puede lanzar emprendimiento alguno si la coyuntura del momento no favoreciese su mercado y si partimos de que el problema de la conectividad y el derecho de todos los bolivianos a acceder a ella no han podido ser solventados por el gobierno y del supuesto de que deba ser labor del Estado, entonces podemos decir que la coyuntura actual es consecuencia de que en Bolivia no se haya sabido dar solución al problema que plantea el cumplimiento del artículo 20 de nuestra Constitución por parte de sus responsables.

En el contexto actual, si bien Internet.org no es más que un simple parche a este problema de conectividad, plantea otros nuevos problemas para el Estado y sus ciudadanos, entre los cuales me gustaría mencionar: la creación de un nuevo sistema monopólico favorecido por un actor externo al país, formado por multinacionales, que mercadea con los datos de los ciudadanos y genera valor económico con ellos en el exterior, a cambio del cuestionable favor de proveer acceso a su plataforma de servicios, añadiendo a esto el peligro de que la ilusoria sensación de estar conectados a este “internet” sirva de pretexto para posponer aún más una conectividad libre a un Internet neutral.

En este sentido si yo estuviese en situación de decidir desde las instituciones del Estado me plantearía una serie de medidas:

Salvaguardando los derechos de los usuarios:

1. Prohibición del uso de la denominación Internet.org para evitar inducir a engaño debiendo escoger un nombre que no pueda producir confusión, de la misma manera cualquier insinuación a que este sea un servicio de acceso a Internet. De cara a la imagen exterior del país también ayudaría a dejar claro la no participación de Bolivia en Internet.org.
2. Obligación de los promotores a informar claramente, sin posibilidad de usar la palabra “gratis” o sinónimos, de las condiciones de acceso a este servicio explicando claramente la contrapartida que se obtiene por este servicio en cuanto al tratamiento de sus información: datos que se obtiene, uso que se hace de ellos, si se cruzan con datos de otro origen, etc.
3. Seria advertencia al operador de que los datos de registro de las lineas y los dispositivos, no pueden ser utilizados para otro propósito y mucho menos compartidos con terceros.

En cuanto al ejemplo que se puede obtener de la iniciativa: dentro de la coyuntura actual, en la que se está trabajando por distintas instancias en el plan de gobierno electrónico por un lado y en la “nube soberana” por otro y tomando en cuenta que el Estado posee su propia empresa de telecomunicaciones, quizá no sea mala idea plantear un servicio parecido, con énfasis en el gobierno electrónico. Eso si, para que el Estado no incurra en el feo detalle de favorecer monopolios, el acceso debería planificarse de manera que se pueda hacer desde cualquiera de las operadoras.